En mitad de un campo de batalla

Imagina a una guerrera a la que acaban de clavar una espada en el estómago en mitad de un campo de batalla; ella se levanta, se extrae la espada y se marcha a su casa. Antes de que nadie llegue, va al baño, se lava la herida (mortal, que nadie se venga a engaños, la guerrera se está muriendo), la tapa con algodón para que absorba la sangre y se pone una venda alrededor del torso. Se viste y va al comedor. Allí se ha congregado la familia para darle la bienvenida. Todos la abrazan, le dan palmadas, se alegran de que esté de vuelta. Ella lo vive como si estuviera en un sueño, todo le llega en ecos, se esfuerza en comprender y escuchar a los que la rodean hasta que se le olvida que tiene una herida que sangra y que la está matando.

***

En enero de 2008, estalló la bomba. Isa pilló al vuelo un comentario que pretendía pasar desapercibido. Estábamos en el Café Ruíz, eran las tantas de la madrugada y llevábamos toda la noche hablando sobre la crisis que Rafa y yo pasábamos por entonces.

—Voy a volver al psicólogo.

—Me parece una buena idea —respondió Isa.

—Quizá busque un especialista en anorexia.

Lo solté con la boca pequeña, como de pasada y lo adorné con una sonrisa de “no es para tanto, no te preocupes”. No sé si Isa dijo algo, no me acuerdo, pero sé que en el instante después de pronunciar la palabra prohibida me paralicé de miedo.

—Ya está superado —era Tenia la que hablaba, recuperando el control y buscando la manera de solucionar mi metedura de pata—, pero no me vendría mal tratarlo con un psicólogo, ahora que estoy más fuerte.

La fortaleza de aquella época consistía en comer solo una vez al día, salvo los fines de semana, que no comía. Dos meses antes había tomado la determinación de realizar cinco comidas a la semana. El consejo de un endocrino suele ser que se hagan cinco comidas al día. Yo había decidido reducir mi alimentación de 35 comidas a 5. Lo peor es que me daba la sensación de que comía mucho.

***

Imagina a una guerrera a la que han clavado una espada en el estómago en mitad de un campo de batalla. Ella lo esconde a su familia no sabe muy bien por qué. Cada día se levanta la primera para que nadie descubra su secreto mientras lo limpia, lo cubre de algodón y lo vuelve a ocultar tras una venda. En esa soledad, sabe que algo no funciona, que eso que hace no es normal, pero ya no quiere desvelarlo. Le da vergüenza. Y miedo. Prefiere convencerse de que es su forma de vida, que no pasa nada y que ella posee la fortaleza más que necesaria para vivir así el resto del tiempo que le queda. Al fin y al cabo, es una guerrera.

***

Cuando hablé con Isa, aquella noche frente a un mojito (si no hubiera bebido, dudo que hubiera pronunciado la palabra “anorexia”), nada de aquello estaba en mi consciente. Tenia había amarrado bien esa información para que no se me fuera por la boquita.

Mi mente aquella noche, y los días que siguieron, me decía que yo había superado la enfermedad hacía tiempo (aunque jamás hubiera seguido un tratamiento y que, fiel a la contradicción, cada dos por tres me negaba que la hubiera sufrido alguna vez), que como estaba en crisis con Rafa me vendría bien ir al psicólogo para superar esa situación y, ya que iba, terminar con ese “problemilla” que venía molestándome los últimos tiempos.

Isa no hizo ni puñetero caso a las intentonas de Tenia de silenciar mi grito de ayuda. Un grito ineficaz por lo silencioso, pero que ella escuchó. A la semana siguiente la bomba estalló: Nebulosa tiene anorexia. (A pesar de que ahora cada vez estoy más convencida de que lo que sufro y he sufrido siempre es bulimia, pero esto es harina de otro costal.)

***

Imagina a una guerrera a la que clavaron una espada en el estómago en mitad de un campo de batalla. Ha pasado mucho tiempo y ya se ha acostumbrado a subsistir. Se niega a ver su propia herida y se ha obligado a no sentirla; sin embargo, su mente le devuelve algunos instantes de lucidez, en los que ve cómo sangra, a pesar de que ya no consiga recordar que es eso lo que le duele. La claridad se desvanece tan rápido que su mente olvida el secreto que custodia y la guerrera regresa a su vida cotidiana, en la que ni ella misma comprende sus propias reacciones. ¿Por qué llora si no está triste? ¿Por qué grita si no está enfadada? ¿Qué es lo que le duele tanto? ¿Por qué se siente tan infeliz si su familia la quiere? ¿Por qué se queja si tiene una vida plena? ¿Qué es lo que no funciona?

***

Tras la explosión, vino la terapia.

Isa y Mariana me acompañaron a la consulta de Cristina para que asistiera a la primera sesión, a la que fui con las orejas gachas pero con una sensación dulce: me habían hecho caso, alguien se había preocupado lo suficiente por mí como para darme el empujón que necesitaba y que, en realidad, deseaba desde hacía mucho tiempo.

Creo que no desvelo a nadie ningún secreto si digo que los meses que siguieron fueron un auténtico asco. No es que sufriera más que antes es que ya no podía esconderme que estaba sufriendo.

***

Imagina a una guerrera a la que una vez le clavaron una espada en el estómago en mitad de un campo de batalla. Nueve años después, cuando la herida se ha malcurado en algunas partes, sigue abierta en otras, ha sufrido infecciones y parte de la carne está putrefacta, decide enseñarle a una amiga la venda, que se cambia cada día para que nadie note que sigue sangrando. Esa amiga da el toque de alarma y la guerrera deja al descubierto la herida. Con la llaga a la vista de todo el mundo, no le queda más remedio que hacerle un poco de caso. El problema es que, justo en ese momento, cuando decide mirarla, empieza a doler. A doler. A doler. A doler. A doler.

***

¿De verdad crees que la guerrera ha guardado ese secreto tanto tiempo por frivolidad? ¿En serio piensas que lo único que le importa es la belleza de su cuerpo? ¿Cuánto dolor serías capaz de aguantar por vergüenza? ¿Y por miedo?

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19 comentarios

  1. Isa said,

    09/11/2009 a 06:45

    No sé qué decir, pero no decir nada no me cuadra.

    Te quiero.

    Isa

    PD: Cada día escribes mejor.

  2. Packito said,

    09/11/2009 a 09:21

    Siento lo mismo que Isa, que cada día escribes mejor y que te quiero. Veo que ahora poco a poco el miedo se convierte en valor y terminarán cerrando las heridas. Gracias a las dos.

    Besos.

    / packito

  3. Berna said,

    09/11/2009 a 10:36

    Vale, a mí me pasa igual, preciosa: no tengo palabras, pero quiero dejar una pequeña huella aquí. De amor. El camino es largo, pero ya sabes que intento estar cerca. Y sí, cada día escribes mejor, pero además, cada día eres más lúcida y más valiente. Un abrazo cuidadoso, para que no duela…

    • Nebulosa said,

      21/11/2009 a 21:26

      ¿Cómo es posible que os deje sin palabras algo que yo he escrito? ¿Cómo es posible que no os canséis de leer siempre lo mismo? Y, sin embargo, ¿por qué carajo siento ese calorcillo extraño que ya sé que es orgullo de mí misma? Supongo que no es fácil dejar sin palabras a tantos escritores, será que la entrada merece la pena, será que ya no puedo dejar de mirarme con buenos ojos, aunque solo sea en este blog. Será por eso que llevo una semana rebelándome contra él; sí, sí, contra el blog.

      Como me dijo el psiquiatra en la última sesión: el problema es que no sé estar la primera en la fila. Tantos años perfeccionando la última posición, sintiéndome una mierda y, ahora, cuando empiezo a vislumbrar la otra parte, resulta que me agarroto de miedo y decido correr al otro lado, a ese que al menos conozco, aunque allí me sienta peor.

      Qué contradictorio todo, porque después de soltar esto, tengo ganas también de daros las gracias por leerme, por estar ahí, por quedaros sin palabras, por decirme que me queréis. Necesito daros las gracias, deciros que yo también os quiero. Y dejarme abrazar, con cuidado. Hace tanto que deseaba que los abrazos fueran así. Tanto. Que ahora que llegan en palabras, me inundan.

  4. orei said,

    09/11/2009 a 10:59

    Todos tus post me conmueven, creo que aunque hablas de tu historia y de tu dolor, tienen la capacidad de conectar con los de cada uno. A mí me hacen reflexionar sobre mis neurosis, mi sufrimiento, y verte luchar así te juro que me da esperanza, y me recuerda con calidez que no estamos solos.

    Un beso, mucho cariño y una sonrisa grande.

    • Nebulosa said,

      21/11/2009 a 21:34

      Joder, O rei, no sé qué se dice cuando alguien te confiesa que le das esperanza

      Qué coño, no sé qué decir a ninguno de los comentarios que habéis dejado en esta entrada, pero sería cómico que dijera que no tengo palabras, así que ando buscándolas debajo de las piedras.

      Pero es que no sé qué se hace cuando alguien te dice que lo que escribes conecta con el dolor ajeno, que tienen esa propiedad universal que hace de la literatura algo maravilloso.

      Supongo que es como una bola de ping pong: si sueltas al mundo un texto que conmueve, esa conmoción regresa a ti. Es justo.

  5. Mariana said,

    09/11/2009 a 11:02

    Yo tampoco sé que decir.
    Pero que sepas que siempre te estoy escuchando.
    Y que me gusta.

  6. xayideheartilly said,

    09/11/2009 a 13:00

    Guapa.
    Te echo muchísimo de menos. Te sigo leyendo ^^
    Ánimo 🙂

  7. Rafa said,

    09/11/2009 a 14:50

    lo he vuelto a leer. Ahora que escribes, tienes tanto que contar
    te quiero

  8. María Marta said,

    09/11/2009 a 22:30

    Gracias por tu valentía, Nebulosa. Por enfrentar y por compartir. Sos realmente una guerrera. No lo he vivido en mi propia piel, pero en Italia tenía compañeras budistas que luchaban con ese mismo sufrimiento y por eso de alguna manera he vivido de cerca lo duro que es. Lo que has hecho con el blog, es de bodhisattva, ya que has pensado en los demás, puede ayudar a que otra mujer que sufre encuentre aliento a través de leer tu experiencia de lucha. En Italia, hemos llegado a tener charlas acerca de Anorexia y Bulimia para poder ayudar a esas mujeres que se acercaban a la practica budista y sufrían por vivir con este secreto a voces.
    Un abrazo muy fuerte
    María Marta

    • Nebulosa said,

      21/11/2009 a 21:47

      Si este blog consiguiera ayudar a una mujer (o a un hombre) que sufre un TCA, que le removiera lo suficiente como para pedir ayuda o que le generara la conmoción necesaria para superar uno de los cientos de baches con los que te tropiezas en esta enfermedad, aunque fuera solo a uno, creo que este blog se convertiría en algo más grande de lo que me imaginé cuando lo creé.

      Pero no decidí escribirlo por los demás, sino por mí. Quiero que lo lean, claro que sí, pero no para ayudar a nadie, sino para que mi mundo (vosotros) comprenda lo que llevo dentro.

      Y me deja tan perpleja que sirva a otros, sufran o no un TCA, que todavía me cuesta creerlo. Como se me presenta lo de la valentía y la lucidez: entre una neblina opaca. No lo entiendo… pero todo llegará, supongo :-).

  9. 10/11/2009 a 11:21

    Creo que los gritos silenciosos son los más efectivos. Menos mal que tienes ‘alguienes’ que los escuchan.

    Sigue luchando.

    Un besazo,
    Elisa

    • Nebulosa said,

      21/11/2009 a 21:50

      Bueno, muy efectivos no son, que antes de que Isa lo escuchara, me pasé siete años gritándolo. Lo que pasa es que es muy jodido escuchar un grito sordo que se expresa en soledad y que se esconde tras una sonrisa de “todo va bien”.

      Como dice mi psiquiatra: es efectivo en su inefectividad.

  10. Jesús said,

    10/11/2009 a 19:03

    Impresionante. Besos.

  11. pepe said,

    15/11/2009 a 09:29

    ¿Que estocada ha recibido mi niña que le da vergüenza y miedo?

    • Nebulosa said,

      21/11/2009 a 21:51

      Ojalá lo supiera, Papá.

  12. Pedro said,

    17/11/2009 a 13:23

    Me ha costado decidirme a dejar mi huella en esta atalaya tuya desde la que prefieres volar despierta. Llevo varias semanas paseándome por este blog, mirándolo primero, de lejos, ahora, de cerca, tratando de reconocerte en tus palabras, buscando la forma de regresar para quedarme.
    Y creo que diciéndote esto me aseguro de que sé mejor de ti. Espero que hablemos pronto.
    Un abrazo enorme.

  13. 15/03/2012 a 23:01

    […] dieta que empecé dio paso, en pocos meses, a la enfermedad que me ha torturado durante estos años y que he curado […]

  14. guadalupe said,

    25/08/2012 a 10:14

    Nadie, NUNCA, había puesto en palabras tan claras lo que me pasa, gracias, necesito ayuda para luchar


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