Vómitos

Me imagino que muchos al leer el titulo os imaginaréis de qué va este texto. A lo mejor os estáis poniendo las manos en la cabeza o el corazón os ha dado un saltito (pequeño, conmigo todo tiene que ser pequeño) o tendréis en la cabeza la idea de que mejor no leerlo porque no es agradable que te describan cómo se mete uno los dedos hasta la garganta para vomitar. Y, no, supongo que no es agradable imaginarse a alguien a quien quieres haciendo esa barbaridad, a pesar de que mi cabeza siga sin asumir que la palabra “barbaridad” describa bien eso que he hecho durante los últimos dos años.

Supongo que es lo más llamativo: vomitar, digo. No comer es más… aséptico. No da tanto asco. También es una barbaridad, supongo.

Seis años de anorexia, dos de bulimia, un año de terapia, un intento de suicidio, ocho meses de antidepresivos y ansiolíticos, cinco de nutricionista… Y hasta ayer no descubrí por qué vomitaba y por qué lo echo tanto de menos. Diablos si lo echo en falta.

Era más fácil, todo era más fácil: iba al supermercado compraba kilos de dulces y salados prohibidos, que me comía como un perro engulle un trozo de carne cruda. Y, después, después venía lo mejor: el ritual. La satisfacción por lo que va a venir, el deseo de sentirlo de una vez, el ansía de vaciarlo todo, de sacarlo fuera. Me quitaba las gafas y el anillo, cogía el felpudo del baño y lo situaba enfrente del váter, para no hacerme daño en las rodillas, miraba con cautela el fondo de la taza y, entonces, los dedos… hasta que empezaban las arcadas. Dos, tres, cuatro, seis, las veces que hicieran falta para sentir mi estómago vacío. Y con cada arcada soltaba toda la mierda, la del estómago y la otra.

La que ahora se queda dentro y me deja sin armas porque ya no puedo vaciarme, porque me toca hacer un ejercicio de fe, a pesar de mi agnosticismo, y creer que obligarme a vomitar es una barbaridad. Pero con cada arcada, con cada devuelto caía al váter un “no vales para nada”, “eres invisible”, “eres inútil”, “no eres capaz ni de hacer lo más sencillo”, “¿escritora?, ¿tú? No me hagas reír”, “¿profesora?, ¿pero a quién intentas engañar?”, “¿diseñadora web? Por favor, ¿quién te va a tomar en serio?”. Y cuando tiraba de la cadena, todo eso se iba, y a mí solo me quedaba lavarme la cara y las manos, ponerme el anillo y las gafas y sentarme en el sofá a tiritar y a dormir, a no pensar más porque todo se había ido por la taza, todo estaba limpio.

Pero, ahora, ahora ya no hay taza del váter. Ya no me pongo de rodillas ni me meto los dedos en la garganta para dejar de escucharme, para soltar todo lo que me amarra a unas cadenas que aprietan tanto que no tengo espacio para respirar. No, ahora ya no tengo esa sensación maravillosa, la de sentir que se ha vaciado todo, que no queda nada dentro, la de que mi cabeza deje de funcionar y se ponga en stand by. Ahora toca enfrentarse a ello y buscar otra forma de sacarlo.

Y aquí estoy, usándoos de taza de váter, porque tengo que vomitar, de alguna forma tengo que vomitar todo esto porque todavía no sé qué se hace cuando una piensa que es una mierda, que no vale para nada, que no hay nada que haga bien y que sirva para algo, cuando una se siente tan pequeña que anda por las calles como si arrastrara una bola de hierro monstruosa agarrada a los pies por grilletes, cuando se sabe invisible al mundo, cuando sonríe y lo que quiere es gritar, gritar que se callen, que dejen de tratarme como si pudiera soportarlo, porque no lo soporto, no soporto ni una crítica, ni un desliz, ni un comentario, nada, no puedo con ello porque ahora no tengo donde soltarlo y porque una crítica bienintencionada se convierte en un “¿lo ves?, jamás conseguirás escribir nada que valga la pena”, porque un desliz sobre el color de mi ropa se transforma en un “no le gustas a nadie, no sabes vestirte, eres fea y gorda, todo te queda mal, no sabes siquiera conjuntarte y, si eso no lo sabes hacer, ¿cómo vas a ser una buena diseñadora?” y porque un comentario o un debate sobre qué es un género literario se convierten en dos días de lágrimas, de no querer salir de casa, de desear que la tierra me engulla porque nunca estaré a la altura de la tertulia de los miércoles, porque yo solo escribo morralla y las historias que tengo que contar son historias huecas que hablan de dragones y hadas… de ese mundo que me ha permitido vivir a pesar de los grilletes, pero que solo forma parte de mi mente perturbada.

Necesito vomitar, necesito una taza de váter y la única que conozco, además de la que está en mi cuarto de baño, es la escritura. Por eso nace este blog, para poder vomitar desde mi atalaya.

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11 comentarios

  1. Rosario said,

    25/09/2009 a 20:48

    Te entiendo. ¡No sabes cuánto! Y te aplaudo, porque estás en el buen camino. No hay espejos, ni palabras, ni miradas que puedan ayudarte. Está solo tu mirada y esa puede cambiar, para verte tal cual eres.
    Gracias por contarlo.

    • Nebulosa said,

      25/09/2009 a 21:08

      Gracias a ti por los ánimos y por leerme tan rápido. Joé, que solo lleva dos horas funcionando y ya tengo un comentario.
      Muchas gracias, Rosario, eres un sol.

  2. Packito said,

    26/09/2009 a 01:39

    😉

    Sólo puedo sonreirte y animar tu camino, en el que no estás sola.
    Un café, un rato largo, uno corto, lo que necesites, y con el corazón en las manos, en la vida real.

    Besos y suerte.

    / pack

  3. Pableras said,

    26/09/2009 a 09:10

    He dudado si dejarte un comentario, porque escribir cuando uno está sobrecogido no es fácil pero quiero hacerlo.

    Mi historia con la escritura también empezó así, vomitando sentimientos en un papel el blanco porque ya estaba bien de calentarle la cabeza a los amigos con mis rollos. Luego me dicuenta de que a eso que salía de dentro de mi y ya había hecho (al menos en parte) su labor, se le podía vestir bien para que pudiera llegar a los demás y me supue a ello, supongo que sin conseguirlo todavía, por eso sigo intentándolo.

    Tú me sacas esa ventaja, lo que vomitas en el papel ya está vestido de punta en blanco y a los demás nos llega… y a ti te sigue sirviendo, que es lo único importete.

    Enhorabuena por este paso, de gigante, que yo seguiré escondido en un rincón.

  4. Joaquín said,

    26/09/2009 a 12:40

    Gracias por el blog. Gracias por la valentía. Gracias por escribir historias de dragones y hadas. Gracias.

    Y besos.

    • Nebulosa said,

      28/09/2009 a 10:51

      Pack, Pableras, Joaquín, sois unos soletes.

      Pack en la vida real, gracias por acompañarme y por enseñarme aquello de la confianza. Otro día hablaré de ello en el blog, cuando lo digiera.

      Pableras no te escondas, es peor. Al menos a mí esconderme de mí y del mundo no me ha servido más que para sufrir.

      Joaquín: gracias a vosotros por leer el blog y por dejarme comentarios.
      ¿Hacemos un concurso a ver quién da las gracias con más ahínco? 😀

  5. Jesús said,

    28/09/2009 a 07:17

    No sé, Nebulosa, por un lado digo ¡joder, qué valiente! y, por otro, me asusta un poco que personas que lean tu blog intenten sentir lo que tú sentías al vomitar. No digo las personas que ya tienen problemas de TCA, sino los que andamos sobre el alambre. Como ejercicio para ti lo veo perfecto, pero para otros, no sabría decirte. No obstante, es sólo una opinión (sin mucho criterio) y no tiene porqué ser la buena. Además, no es obligatorio, ni siquiera conveniente, hacer caso a personas que no tienen experiencia en estos temas.
    Besos.
    Jesús

    • Nebulosa said,

      28/09/2009 a 11:05

      Es un tema difícil, Jesús.
      De hecho, tienes toda la razón: es posible que alguien que tenga tendencias (o antecedentes) hacia un trastorno de la conducta alimentaria lea mi post y, en vez de sacar la lectura del sufrimiento que aquello me implicó, de la recuperación y de la superación, decida quedarse con que vomitar “alivia”. (¡Ojo! ¡No alivia! ¡No ayuda! ¡Después te vuelves a sentir una mierda!)
      No creo que esté en mis manos ayudar a esas personas. Es más, si alguno ha pensado algo parecido, lo único que puedo es aconsejarle que pida ayuda, que vaya a un especialista en TCA, porque si sientes que vomitar te va a aliviar es que probablemente sufras algún tipo de problema con la comida.
      Mi intención con este blog es, como mucho, derribar prejuicios sobre esta enfermedad.
      Lo escribo por mí y para aquellos que no están enfermos y no saben lo que es.
      A los que sufran un TCA igual les ayuda en algún momento concreto de su recuperación, quizá les convenza de que pidan ayuda o quizá les sirva para meterse más aún en su hoyo. (¡Pide ayuda si este es tu caso! ¡No te quedes en el agujero! ¡Hay una vida maravillosa fuera de ahí!).

  6. 28/09/2009 a 10:39

    Qué valiente, Nebulosa. Por haber soportado todas esas pruebas, pero sobre todo por haberles sabido poner un fin, gritado un basta ya.

    Y por soltar todo este vómito para que otras personas sepan que no están solas, que no es imposible.

    Sólo falta que sueltes también tu escritura y te dejes compartir. Para que todos podamos soñar contigo.

    Un beso envidioso

    • Nebulosa said,

      28/09/2009 a 11:08

      Me temo que el fin está lejos, pero voy por buen camino :).

      La escritura ya la estoy soltando, solo que en otros lares (concursos, antologías, etc.). A ver si suena la campana.

      Por cierto, me alegra que Mixtoconhuevo vuelva a funcionar 😉

  7. xayideheartilly said,

    12/10/2009 a 18:20

    El arte ha sido siempre mi via de escape (las palabras sobre todo) y ahora que leo las tuyas veo aún con más claridad lo importantes que son. Lo importante que es poder exorcizar todo lo malo que tenemos dentro para que no nos consuma. Es la magia del arte, poder transformar lo que nos destruye en algo que sirva a otros y que, de paso nos libra de ese dolor.

    Sé fuerte mi niña. Ahora que el monstruo tiene nombre es fácil matarlo. Y por supuesto… ¡vivan las páginas verdes! Sin ellas el mundo sería un infierno insoportable para mi.
    Gracias por existir y ser mi amiga 🙂


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