Y después de un largo caminar, llegué a mi centro. Allí donde la felicidad se encuentra sentada en el sofá y me mira con ojos sagaces, los mismos que me guiñan desde el espejo del baño cada vez que me pienso menos guapa, menos fea, menos gorda o menos delgada.
Ha sido un camino largo. Triste. Doloroso. Pero ha sido.
Ya solo me queda vivir una vida larga y plena.
