En el centro

Y después de un largo caminar, llegué a mi centro. Allí donde la felicidad se encuentra sentada en el sofá y me mira con ojos sagaces, los mismos que me guiñan desde el espejo del baño cada vez que me pienso menos guapa, menos fea, menos gorda o menos delgada.

Ha sido un camino largo. Triste. Doloroso. Pero ha sido.

Ya solo me queda vivir una vida larga y plena.

Recuerda: ni hormiga ni titán

En esos momentos en los que empiezo a despreciarme por algo, pongamos, por que la empresa no esté yendo bien, lo que equivale, después de muchos años de conductas dañinas, a que yo no valgo para, en este caso, ser empresaria, me recuerdo a mí misma que ni soy una hormiga (no todo lo haces mal, Nebulosa, no todo), ni quiero ser un titán (tampoco quieres hacerlo todo bien, no quieres ser perfecta). Es como si esta frase recién estrenada en mi vida me pusiera en paz conmigo misma. Me relaja. Hace que todo tenga mucho más sentido. Me digo: “Recuerda, Nebulosa, ni hormiga ni titán” y sonrío.

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